Puedes cambiar las circunstancias de tu vida si cambias tus hábitos Los hábitos son rutinas persistentes. Cada buen hábito que sumas ...

Cambia tus hábitos para cambiar tu vida



Puedes cambiar las circunstancias de tu vida si cambias tus hábitos

Los hábitos son rutinas persistentes. Cada buen hábito que sumas a tu vida, tiene un efecto acumulativo. Tener un sentimiento de control sobre como conduces tu vida no sólo te ayuda a tener éxito, sino que, según los estudios más recientes, es uno de los principales motores para sentirse feliz. 

Entiendo los hábitos

Los hábitos sirven para evitar trabajo al cerebro y ayudar a conservar energía, debido a que permiten que realicemos tareas sin pensar.  

La glándula basal (una parte del cerebro) gobierna los hábitos. cuando la glándula decide que un hábito necesita ponerse a trabajar, instruye que se activen ciertas células en el cerebro y eso nos lleva a actuar, pensar, o decidir de forma inconsciente. 

A menos que nos forzemos a estar alertas a nuestros hábitos, no vamos a poder nunca cambiar nuestras acciones, pensamientos o comportamientos habituales. Los hábitos están fuera del radar de nuestra conciencia; en verdad, son una gran cosa.

Muchos de nuestros hábitos vienen de figuras influyentes en la niñez (padres, sobre todo) que imitamos por el resto de la vida. Incluyen comportamientos físicos y mentales y a diario controlan de forma inconsciente nuestra vida. Sin embargo,  son el secreto del éxito, fracaso o mediocridad de la persona. 

Los hábitos y el cerebro

Los hábitos no son nada más que células del cerebro que se hablan con frecuencia. La frecuencia es la clave. Cuando el cerebro detecta que ciertas células hablan con frecuencia, le pone a esa red una etiqueta de "hábito".  La glándula basal es la "central" de esos hábitos, y los supervisa. 

Cuando la glándula basal ve una oportunidad para comenzar un hábito, envía una señal a la parte frontal del cerebro: !Activar el hábito! Entonces se envía la orden al conjunto de células que forman ese hábito para que se activen. 

Todo esto se hace para que el cerebro use menos energía: cuando se ejecuta un hábito el cerebro casi no trabaja, es un acto inconsciente. Por el contrario, cuando se piensa de modo consciente, el cerebro consume mucha glucosa y oxígeno. 

Para el cerebro, los hábitos son inversiones. Al principio de la formación del hábito, el cerebro invierte mucha energía pero una vez que el hábito está creado, casi no consume energía y solo resta mantenerlo. 

Esto es algo muy eficiente, y al cerebro le gusta la eficiencia. Por eso, y por el ahorro de energía, es que el cerebro se opone a que abandonemos un hábito. Esa es la explicación de por qué es tan difícil dejar un hábito: entramos en guerra con el cerebro cada vez que lo intentamos.

Los hábitos tienen diferente nivel de complejidad e influencia sobre nuestra vida diaria. Adoptar algunos hábitos nos afecta más que adoptar otros. Un hábito poderoso, en otras palabras, puede modificar tres o cuatro hábitos menos poderosos. Fumar, por ejemplo, es un hábito que puede contrarrestar el beneficio de hacer ejercicios. 

El mismo cerebro fuerza a la persona a regresar a los viejos hábitos. Tenemos que aprender a "engañar" al cerebro para poder vencer los viejos hábitos con más facilidad. 

Formación de hábitos

Todos los hábitos tienen tres elementos: disparador, rutina y  recompensa. El disparador opera cuando ciertos  puntos de referencia familiares del entorno envían un mensaje a la glándula basal de que es hora de activar un hábito. Es por eso que, al cambiar el entorno es más fácil evitar los hábitos que queremos abandonar.

Los hábitos se forman, durante años, por los comportamientos y pensamientos repetidos. Una vez que se forman, esa red de células siempre trabaja junta. No es fácil deshacer un hábito. 

Pero ¿Qué dispara un hábito?

Los disparadores ponen en movimiento todos los hábitos que tenemos. Hay disparadores visuales, auditivos, de tiempo, de stress, por asociación. Las creencias y emociones también actúan como disparadores. Un ejemplo es el hábito de comer demasiado que se activa visualmente al ver la comida. 

Las creencias y las emociones afectan los hábitos

Las creencias pueden generar pobreza o prosperidad en la persona. Lo que creemos determina en qué nos convertimos. La parte subconsciente del cerebro tiene el 80% del poder de procesamiento. El otro 20% es de la parte consciente. Este 80% controla el sistema autónomo, dirige el comportamiento, y es donde residen nuestras emociones y creencias. 

El Sistema de Activación Reticular (SAR, una parte del subconsciente) captura toda la información que recibimos de los sentidos, pero intencionalmente no la comparte toda con la mente consciente. Lo hace para no abrumar de detalles a la parte consciente. Para ello, filtra la información que envía: 

1. Necesaria para sobrevivir
2. Relacionada con sueños y metas
3. Relacionada con nuestras creencias. 

Cuando se trata de sobrevivir, la mente consciente percibe una amenaza mediante los sentidos, e inmediatamente lo remite. Si la amenaza es real, el control lo toma el sistema límbico (para pelear o escapar), y se envían señales al cerebelo (parte de la mente subconsciente) para que comience el movimiento. Muchas veces, la parte consciente está "apagada" durante la amenaza. 

Cuando se trata de nuestros sueños y metas, la parte subconsciente se comunica con la parte consciente por medio de la intuición y esa "voz que escuchamos en la cabeza". 

El SAR envía información que considera alineada con nuestras creencias. Las creencias son pensamientos programados aceptados por la mente subconsciente. 

Lo más sorprendente de las creencias es que, sin importar cuan arraigadas estén, se pueden cambiar y así Tus hábitos diarios  que están determinados por tus creencias. Solemos tener creencias "limitantes" que definen cómo vivimos y nos impiden progresar en la vida (como "los pobres no se pueden hacer ricos", "no soy bueno para las matemáticas", "nunca me alcanza el dinero", "estoy gordo porque no puedo bajar de peso"). 

Tipos de hábitos

 Hay hábitos ordinarios (simples, básicos, como la hora a la que te levantas, la ruta al trabajo, o cómo agarras la cuchara), y hábitos claves (permiten afectar los hábitos ordinarios, potenciarlos, así como crear nuevos hábitos). 

Digamos que tienes que bajar de peso. Un amigo que corre te dice que correr es lo mejor que puedes hacer para lograrlo. Así que decides comenzar a correr (hábito clave), aunque no te gusta, pero persistes porque quieres bajar de peso. Al cabo de un tiempo un amigo te ve y comenta que has bajado de peso y te ves muy bien. Ese reconocimiento dispara una emoción que te hace dejar de comer comida chatarra el otro día (hábito ordinario) y dejar de comer tanto (hábito ordinario). Además decides correr más para seguir bajando y dejar de fumar (hábito ordinario). Al adoptar un sólo hábito clave (correr) se logra un efecto de dominó ayudando a eliminar tres hábitos ordinarios: comer chatarra, comer mucho, y fumar; es por eso que los hábitos claves son tan poderosos. 

Te comparto dos ejercicios que te pueden ayudar en el proceso de cambiar hábitos

Ejercicio 1: Escribe tu carta de futuro

Piensa en el futuro (dentro de 5 años, por ejemplo), y escribe una carta al tú de hoy explicando cómo es el tú del futuro. Escribe dónde vives, con quiénes, qué propiedades tienes, cómo es tu salud,  qué haces para vivir, cómo están tus finanzas, etc. Explica qué hiciste en los años anteriores para lograr que estos sueños se hicieran realidad, esta carta es el mapa para tu futuro perfecto.

Ejercicio 2: Haz la lista de tus sueños y deseos 

Haz la lista de todo deseo/sueño que aparece en tu carta de futuro, y que te gustaría tener o ser. Ahora convierte esa lista en objetivos. Los objetivos permiten cambiar los sueños en actuaciones. 

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